¡Y cómo lo prometido es deuda! Aquí tenéis un artículo hecho con mucho amor de una de nuestras parejitas honey en su experiencia en el desierto del Sahara.
Organizado por Boda y miel en su viaje romántico a Marruecos, Ana y Luis, nos cuentan cómo vivieron este apasionante viaje.

 

Sahara Desert, Merzouga, 2019.

Dejamos atrás Marrakech para dar inicio a lo que se convertiría en una maravillosa aventura de 9 horas y 562 km en coche. Tras las dos primeras horas de trayecto, llegamos al puerto Tizi n’ Tichka, el paso de carreteras más alto de África (2260 m) a través de las montañas del Atlas.  La primera parada la hicimos en uno de los Ksar mejores conservados de Marruecos, Ait-Ben-Haddou, Patrimonio de La Humanidad por la UNESCO, un icónico e impactante lugar, de aspecto exótico, rodeado de Palmeras; inmerso en la conocida Ruta de las mil Kasbahs, que ha servido de escenario a famosas obras de cine como La Momia, Gladiator y Juegos de Tronos.

Continuamos nuestra ruta y la siguiente parada la hicimos en Ouarzazate, la ciudad Hollywood de Africa, cuna de La Kasbah Taourirt y sus distintos estudios cinematográficos donde se rodaron escenas de Cleopatra, Pequeño Buda o La Momia.

Pasado Ouarzazate, topamos con las Gargantas del Dadés, se trata de unos plegamientos geológicos de caliza, modelados por la erosión, conocidos como los “dedos del Mono” o “cerebro del Atlas”. Cercanos al Dadés nos detuvimos en las Gargantas del Todra, de las zonas más famosas del Atlas, su espectacularidad se debe a las altas paredes rojizas a ambos lados de un paso estrecho donde se encuentra el río, sitio que aunque bastante recóndito nos llamó la atención, cantidad de turistas y locales que jugaban a orillas del Río y pasaban tiempo juntos.

Nosotros teníamos que continuar la ruta hacia nuestro aclamado destino final, ¡Merzouga!
Haciendo entrada en el pueblo ya se podían apreciar muy al fondo, las Dunas de Erg Chebbi, (pueden alcanzar los 150 m de altura) momento en el que nos invade todo un manojo de emociones.
Una vez que llegamos al primer campamento, desde el que ya se podía palpitar con la vista la frontera con Argelia, y donde dejaríamos nuestro coche, nos subimos a un enorme 4×4 rumbo al corazón de las Dunas, entre cosquilleos y más emociones. ¡Era el mismísimo Sahara a nuestros pies!

La llegada a lo que sería nuestro nidito en medio de aquel mar de arena, fue amor a primera vista, si ya en fotos nos tenía ilusionados, verlo delante fue otro sueño, hecho realidad. Un precioso campamento bereber, de lujo, decorado y cuidado hasta el mas mínimo detalle, camino de alfombras que sería el primer complemento de una estancia ideal.

Habíamos llegado justo cuando quedaba muy poco para el ocaso. Imponente, el Sol comenzó a bajar como un torbellino de luces, los acres se tornarían a rojos y los amarillos a naranjas. Poco a poco empezaba a decirnos adiós y con él miles de siluetas comenzaron a surgir del horizonte como de la nada.

Los últimos rayos de luz se fueron escapando y tras ellos los tonos naranjas y rojos del paisaje pasaron al cielo como si de fuego se tratase.  Ya con el Sol puesto un manto de estrellas comenzó a cubrir nuestras cabezas. Lo que aquella tarde pudimos presenciar parecía de otro mundo.

La noche prometía, de repente el sonido de los timbales entre canturreos llamó nuestra atención. ¡La cena estaba lista! Comenzaron a desfilar deliciosos platos típicos, sin duda regalos a nuestro paladar.
Terminamos la noche alrededor de una fogata, al ritmo de música y canciones beréberes. Éramos un grupo, nosotros junto a varias parejas de enamorados y locales, desconocidos, pero abrazados por la magia en la nocturnidad del desierto.
Agotados por lo que había sido un día bastante completo, nos fuimos a descansar lo que restaba de noche.

El amanecer en el desierto, sin duda otro de los tantos regalos que nos llevamos de aquel sitio espectacular; asomándose sobre el horizonte, el nacimiento de un nuevo día. Desayunamos y salimos a andar por Las Dunas, perdidos y cada vez más alejados, el silencio, la inmensidad, la arena, son tan solo algunos de los elementos que mejor podrían definir esta experiencia. ¡El desierto es libertad!

Tocaba regresar al campamento para encontrarnos con dos guías locales al cuidado de los quads, nos montamos en ellos y fuimos a disfrutar de todos los paisajes del desierto, en poco tiempo, con una buena carga de adrenalina y sintiendo las subidas y bajadas de aquellas enormes dunas, siempre a la orden de los guías, que para nosotros fue un misterio como eran capaces de orientarse en semejante lugar.

Comenzaba el Sol a quemar el horizonte y bañar las dunas de brillo, ya de regreso, nos esperaban esta vez con dos majestuosos ejemplares de Dromedarios, sin duda este paseo en pleno atardecer fue broche de oro para nuestra despedida de aquel paraíso.

Todo el viaje fue alucinante pero si hay algo que no olvidaremos en la vida es dormir en el desierto, sensación difícil de describir con palabras, lo mejor es ir allí y comprobar todo lo que el desierto tiene guardado para ti.
Gracias Boda y miel por el trato y por la gran atención en todo momento, es increíble el servicio que nos habéis dado y guardaremos este destino como uno de nuestros favoritos en nuestras historias de viaje.

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